Maricon vicioso haciendo travesuras encima de la cama
Te levantas esa mañana con la polla dura como un puto poste, imaginando cómo tu novio se contonea con esos jeans ajustados que usa solo para provocarte. Desde anoche te ha estado enviando fotos de su culo perfecto, frotándose contra el sofá, sabiendo que cada foto te pone más caliente. Ahora lo tienes a tu merced, boca abajo sobre la cama, las nalgas al aire, el pantalón bajado hasta los tobillos para que veas esa verga gruesa balanceándose entre sus muslos. No te resistes, te arrodillas detrás de él, le agarras el culo con fuerza y hundes la lengua en su agujero, sintiendo cómo se estremece cada vez que pasas la punta por su entrada. Te encanta cómo gime, cómo se retuerce cada vez que le metes los dedos, cómo suplica 'dame más' mientras se muerde el labio para no gritar. No te detienes, te paras, te escupes en la mano y le untas la saliva en el culo antes de enterrarle la verga de golpe, sintiendo cómo su apretado agujero te estrangula. Lo embistes lento al principio, disfrutando cada gemido que le arrancas, pero pronto pierdes el control y lo empotradas como un puto animal, golpeando sus caderas contra las tuyas hasta que los dos explotan en un orgasmo que los deja temblando. Mientras te dejas caer sobre su espalda, sudoroso y jadeante, piensas en cómo mañana volverá a provocarte, y tú dejarás que lo haga, porque saber que puede excitarte así en cualquier momento hace que todo valga la pena.