Legrand Wolf domina al esclavo pagado con su polla gruesa
Lo vi entrar al cuarto con esa mirada de odio que solo un cornudo celoso puede tener. Serg Shepard, el esclavo de alquiler, ya estaba arrodillado, con la boca abierta y los ojos bajos, sabiendo que esta vez no habría piedad. Legrand Wolf no perdió el tiempo: le agarró el pelo con fuerza y le metió la polla hasta las pelotas de una sola embestida, haciendo gemir al chico como un puto en celo. El sonido húmedo de la saliva mezclada con el sudor llenaba el aire mientras lo follaba contra la pared, cada golpe seco resonando en el cuarto. Serg Shepard lloriqueaba entre dientes, pero su culo apretado no hacía más que pedir más, mojado y temblando. Legrand Wolf le escupió en el agujero y lo empotró con saña, disfrutando cada contracción del músculo alrededor de su verga. Cuando por fin se corrió dentro, lo dejó tirado en el suelo, jadeando y con la leche goteando entre las nalgas. La próxima vez, prometo que lo haré sangrar.