Alexandre se venganza con un brasileño de culo perfecto
Lo agarras por la cintura mientras Jefferson se retuerce bajo tus manos, su piel sudorosa pegándose a la tuya en ese encuentro al aire libre que huele a tierra mojada y semen. No es casualidad que estén aquí, no es casualidad que hayas elegido a este brasileño de nalgas redondas y firmes, el mismo que te robó a tu ex hace meses. Ahora es tu turno de hacerle gemir como una puta, de sentir cómo su polla se endurece contra tu muslo mientras lo empujas contra el tronco de un árbol, sus uñas marcando surcos en la corteza. Le bajas los calzoncillos de un tirón, dejando al descubierto ese culo prieto que tanto has imaginado, y le escupes en el agujero antes de hundirte de una estocada, sintiendo cómo su cuerpo se tensa al recibirte entero de golpe. Jefferson grita, pero no es de dolor, es de placer, y eso te excita aún más, porque sabes que está pensando en el otro, en el que lo dejó por ti. Lo empotras contra el árbol una y otra vez, sus gemidos se mezclan con el sonido de la carne golpeando la carne, y cuando por fin te corres dentro de él, es con la satisfacción de haberle quitado lo que era tuyo. Mientras te apartas, miras cómo su semen gotea por sus muslos, y piensas en cómo mañana le contará a tu ex lo bien que te lo has follado, cómo le dirá que nunca lo había sentido tan profundo, tan duro, tan real. Y sonríes, porque la venganza sabe mejor que cualquier polla.