Joven guapo le hace mamada salvaje a su jefe en la oficina
El jefe llevaba días imaginando cómo sería tener esa boca caliente alrededor de su polla gruesa y sin circuncidar. El chico, un twink de cuerpo fibroso y pelo rubio despeinado, no necesitó mucha insistencia para arrodillarse frente a él en el despacho vacío. Lo primero que sintió fue el olor a sudor limpio y colonia barata mezclado con el aroma a lubricante que ya goteaba por la verga palpitante del hombre maduro. Con una sonrisa pícara, el joven abrió bien los labios y se la metió hasta la garganta sin preámbulos, haciendo que el jefe soltara un gemido ronco y se aferrara a los bordes del escritorio. Las venas de la polla se marcaban cada vez que el twink bajaba hasta las bolas, ahogándose un poco pero sin apartarse, con las lágrimas asomando en sus ojos azules mientras tragaba saliva espesa mezclada con el líquido preseminal que ya brotaba sin control. El jefe, con las manos enredadas en la melena rubia, empezó a empujar con más fuerza, sintiendo cómo el calor húmedo de la boca lo envolvía por completo mientras el chico le masajeaba las bolas con los dedos ágiles. El sonido de los besos húmedos y los jadeos ahogados llenaba el silencio del lugar, hasta que el jefe no pudo aguantar más y, con un gruñido gutural, le agarró la cabeza para clavársela hasta el fondo mientras se corría en la garganta del chico, que tragó todo sin protestar mientras sus pestañas seguían húmedas por el esfuerzo. El jefe, jadeante y con las piernas temblorosas, lo levantó del suelo y lo apoyó contra la ventana, donde la luz del atardecer iluminaba su cuerpo sudoroso y la verga aún dura que el twink no había terminado de chupar. Con un empujón brutal, lo empotró contra el cristal frío mientras le mordía el cuello y le susurraba al oído lo buen puto que era, y el chico respondió arqueando la espalda y gimiendo fuerte cuando la polla gruesa le abrió el culo de un solo embiste. El sonido de los azotes resonaba en el despacho mientras el jefe lo follaba con salvajismo, agarrándole las nalgas firmes y marcando con los dedos la piel pálida, y el twink no paraba de gemir y pedirle más duro hasta que, con un último empujón brutal, ambos se vinieron juntos en una explosión de sudor, semen y jadeos que dejaron el lugar impregnado de olor a sexo crudo y pasión descontrolada.