Domina sumisa con dildo la obliga a obedecer
‘¡Pídeme permiso antes de correrte, puta!’, le escupes mientras la agarras del pelo y le hundes el dildo entre las nalgas. Ella gime bajo tu control, respirando rápido mientras sientes cómo la punta de goma se abre paso en su culo estrecho. La humillación le quema las mejillas, pero no se atreve a desobedecer: cada orden que le das la enciende más, haciéndola temblar con el morbo de ser tu esclava. Le das una nalgada fuerte, el sonido del choque resuena en la habitación mientras su coño se moja sin freno. ‘¿Te gusta que te traten así?’, susurras al oído, sintiendo su piel arder bajo tus dedos. La obligas a arrodillarse, pasando el dildo por su cara antes de que lo chupe como si fuera tu polla. Sus ojos suplican, pero sabes que en el fondo disfruta de cada humillación. La montas desde atrás, sintiendo cómo su cuerpo se tensa con cada embestida, cómo sus gemidos se ahogan en las almohadas. Le ordenas correrse, y al sentir el chorro caliente contra tu piel, su mente solo piensa en lo bien que se siente ser tu juguete.