Dos putas se follan con juguetes en la cama
Ella llegó con la bolsa llena de trastos y una sonrisa de oreja a oreja, mientras él se relamía los labios al ver cómo le temblaban las tetas bajo la camiseta ajustada. No pasaron ni dos minutos antes de que la morena le arrancara el short de un tirón y le metiera los dedos bien hondo en el coño, empapados ya de jugos que le chorreaban por los muslos al gemir como una perra en celo. Él no se quedó atrás: le agarró el pelo con fuerza y le clavó la polla hasta la garganta, ahogándola con sus gruesos centímetros mientras ella se ahogaba en babas y gemidos ahogados. Entre risitas y empujones, la rubia le lio los huevos con una correa de cuero y empezó a azotarle el rabo con un látigo de silicona, haciendo que se le erizara la piel y le saltaran gotas de sudor por todo el cuerpo. La morena, loca de lujuria, se tiró de espaldas en la cama y le suplicó que la empotrase con fuerza, así que él le clavó el palo hasta el fondo, sintiendo cómo el coño le tragaba cada centímetro sin piedad mientras ella le arañaba la espalda como una gata salvaje. Entre tanto jaleo, la rubia no se quedó quieta: le metió un vibrador grueso por el culo mientras él le comía el coño como un loco, lamiéndole el clítoris hinchado y chupándole los labios hasta dejarlos rojos y brillantes. Los gemidos se volvieron ensordecedores, mezclados con el sonido húmedo de los cuerpos chocando y el crujido de la cama bajo sus embestidas brutales. Ella ya no aguantaba más: con un grito ronco, se corrió como una posesa, empapando la sábana con un chorro caliente que le resbaló por las nalgas mientras él le seguía metiendo el rabo sin piedad, buscando su propio orgasmo. La rubia, sin perder el ritmo, le agarró la polla con las dos manos y le ordeñó hasta sacarle la leche bien espesa, que le cayó en chorros blancos sobre el vientre mientras los dos se desplomaban exhaustos, jadeando como bestias y con los cuerpos pegajosos de sudor y otros fluidos. Todavía les quedaba energía para reírse, sabiendo que la noche acababa de empezar y que esos juguetes no habían hecho más que calentar el ambiente para lo que vendría después.