Ebony General y su vecino no podían dejar de follar
Esa tarde en la cocina, con la luz del atardecer entrando por la ventana, yo ya no aguantaba más las miradas de mi vecino. Cada vez que se acercaba a dejar algo, su polla se notaba dura bajo el short, y a mí me mojaba el coño nada más verlo. Esta vez, cuando entró a pedir azúcar, cerré la puerta con el pie y lo empujé contra la mesa. Mi falda se levantó sola cuando me senté en su regazo, sintiendo cómo su verga enorme me abría el culo de un solo empujón. Julietsimeon gemía entre dientes, mordiendo mi hombro para no gritar, mientras yo movía las caderas como una perra en celo. En más de 10 minutos de escena, mi coño chupaba su polla negros con cada embestida, y el sonido de mis nalgas golpeando su vientre resonaba en toda la casa. En cualquier momento podía entrar mi marido, pero no me importaba, solo quería que me llenara hasta que el semen me resbalara por los muslos. Cuando por fin se vino, sintiendo su corrida espesa dentro de mí, me quedé pensando en cómo podríamos repetir esto sin que nadie nos descubriera.