Emma Rose trans con polla enorme follando con Tori Easton
Emma Rose llevaba meses practicando yoga en el jardín de su casa cuando se dio cuenta de que su vecina rubia de tetas generosas la observaba con unos ojos que no dejaban duda: quería que la empotrara por el culo hasta dejarla sin aliento. Las clases de yoga quedaron en el olvido cuando Tori Easton se acercó con un tanga negro tan ajustado que se le clavaba en el coño empapado, mientras se mordía el labio inferior con una sonrisa pícara que prometía una follada que le iba a partir el culo en dos. Emma, con su polla dura como una piedra y goteando pre-semen, no perdió tiempo y la agarró de las caderas con fuerza, arrastrándola hasta el colchón de yoga que aún olía a sudor y lubricante. Tori se dejó caer boca abajo, levantando ese culito prieto y rosado que parecía hecho para recibir embestidas brutales, mientras gemía como una puta en celo y se agarraba a las sábanas con los nudillos blancos de la excitación. Emma no pudo resistirse: le escupió en el culo, lo masajeó con los dedos hasta que la rubia jadeó y le suplicó que no la hiciera esperar más, entonces alineó su gruesa verga y se la clavó de un solo empellón que le hizo gritar como si la estuviera matando, pero con un placer que le recorría la espina dorsal. Las primeras embestidas fueron lentas, profundas, disfrutando cada centímetro de ese culo que se abría como una flor para ella, pero cuando Tori empezó a empujar hacia atrás para recibirla con más fuerza, Emma perdió el control y la empezó a empotrar como un animal, con el sonido húmedo de los cuerpos chocando llenando la habitación mientras la polla entraba y salía sin piedad. Los gritos de Tori se volvieron incontrolables, mezclados con los gruñidos de Emma, que le agarraba las tetas desde atrás mientras le lamía el cuello y le susurraba obscenidades al oído. El lubricante resbalaba por sus muslos, mezclándose con el sudor, y el olor a sexo crudo era tan intenso que casi se podía saborear en el aire. Emma sintió que el orgasmo se le acercaba como un tren a toda velocidad, así que aceleró el ritmo, clavándose hasta el fondo cada vez que Tori arqueaba la espalda para recibirla, hasta que la rubia se corrió con un chillido agudo, apretando el culo alrededor de la polla como un tornillo mientras los jugos le resbalaban por los muslos. Emma no pudo aguantar más: sacó la polla un segundo para que Tori se diera la vuelta y se la chupara con desesperación, lamiendo cada gota de leche que le caía por la garganta antes de volver a empalarse en esa verga gruesa que ya no podía controlar. Cuando por fin se corrió dentro de ella, llenándole el vientre con ríos de semen caliente, Tori se dejó caer sobre la colchoneta, exhausta pero con una sonrisa de oreja a oreja, mientras Emma se desplomaba a su lado, jadeando como si hubiera corrido una maratón y con las pelotas completamente vacías.