Erema se deja empotrar por un macho musculoso
La habitación está medio oscura, con solo la luz tenue de una lámpara de noche iluminando la cama desordenada donde todo está por pasar. ¿Te gustaría estar en su lugar? Puedo sentir cómo mi coño se moja solo de pensar en lo que viene, en cómo este tipo me va a hacer gritar sin importarle quién lo escuche. La culpa me carcome por dentro, pero no puedo parar, no cuando su polla ya está dura y lista para entrar. Me arrodillo frente a él, chupando con ganas mientras sus manos agarran mi pelo, tirando justo como me gusta. Cada gemido que escapa de mi boca es un pecado más, uno que disfruto demasiado. Cuando me empotra contra la pared, siento cada centímetro de su verga entrando hasta hacerme tocar el cuello del útero, y mis uñas se clavan en su espalda mientras me corro sin control. En más de 14 minutos de escena, no hay un segundo de descanso, solo placer prohibido que no quiero que termine. Ahora mismo, mientras él sigue embistiéndome, solo pienso en lo mal que está esto... y en lo mucho que quiero que siga.