Follando a la ex de mi hermano para hacerlo sufrir
Carla siempre se creyó mejor que todos, especialmente cuando se acostó con mi hermano y luego lo tiró como basura. Ahora, mientras ella gemía debajo de mí, sintiendo cómo mi polla dura la abría de par en par, no podía evitar sonreír. Te la clavé de una estocada, sintiendo cómo sus paredes apretadas se ajustaban a mi verga como un guante. Sus uñas se clavaban en mi espalda mientras arqueaba la espalda, sus gritos ahogados contra mi hombro. No te importaba si tu hermano se enteraba, porque esto era tu venganza: hacerle saber que lo que fue suyo ahora era tuyo, que podías follártela mejor de lo que él jamás lo hizo. La volteas de golpe, metiéndola por atrás mientras la escuchabas mascullar obscenidades entre dientes. Sus tetas rebotaban con cada embestida, sus muslos mojados pegados a las sábanas. Le tomas el pelo con una mano, jalándolo mientras con la otra le abofeteabas el culo, dejando marcas rojas en su piel. Carla ya no era la misma, ahora era tu juguete, tu puta personal, y disfrutabas cada segundo de su humillación. La obbligaste a chupártela, sintiendo su boca caliente y húmeda envolver tu verga, sus ojos llenos de rencor mientras te la tragabas hasta el cuello. Cuando ya no aguantaste más, te corristes en su boca, sintiendo cómo tragaba cada gota de tu semen, su garganta temblando con el esfuerzo. No hubo palabras después, solo el sonido de tu respiración agitada y el de ella limpiándose la saliva de los labios, con una sonrisa de satisfacción maliciosa.