Follando en el bus mientras nadie mira
El bus estaba casi vacío cuando la vi sentada con ese culo grande que no podía ignorar. Sabía que era mi oportunidad y me acerqué con una sonrisa, susurrándole al oído lo que quería hacerle. Ella me miró con complicidad y sin decir nada, se levantó y se apoyó en el pasillo, dejando que mis manos exploraran su cuerpo. Zegalinha no perdió tiempo y le subí la falda, sintiendo cómo su tanga ya estaba empapada. Con un gemido ahogado, me dejó meterle los dedos mientras vigilábamos la puerta, temiendo que alguien entrara. Su culo temblaba cada vez que le rozaba el coño, y cuando no aguanté más, saqué mi polla dura y se la metí por detrás, empotrándola contra la ventana. Ella mordía su labio para no gritar mientras la follaba en el bus, sintiendo cómo su cuerpo se apretaba alrededor de mi verga. Cada embestida la hacía gemir más fuerte, pero el ruido del motor ahogaba sus sonidos. Cuando me corrí dentro de ella, sus piernas temblaban y solo atinó a susurrar que quería más, aunque sabía que en cualquier momento alguien podía vernos.