Trío con culo grande y pollas duras en casa
Dabanga no podía creer lo que estaba haciendo, pero el deseo era más fuerte que la culpa. Labibi, con ese culo grande y redondo, se movía entre nosotros como si no hubiera mañana. Yo la agarré por las caderas mientras Treze le metía la polla por detrás, sintiendo cómo su coño se apretaba alrededor de mi verga. Los gemidos de ella se mezclaban con los nuestros, el sonido húmedo de las penetraciones llenando la habitación. En más de diez minutos de escena, no hubo un segundo de tregua: sus tetas rebotaban con cada empujón, su piel brillante de sudor y excitación. Sabíamos que esto estaba mal, pero cada vez que sus labios se cerraban alrededor de mi polla, el remordimiento se esfumaba. Treze le azotó el culo mientras yo le metía los dedos en la boca, sintiendo cómo su lengua se enredaba con mis nudillos. Cuando por fin nos corrimos, fue como si el mundo se detuviera: ella se quedó temblando, con el coño goteando y un charco de semen entre sus muslos. Al final, solo quedó un collar de dientes en el suelo, olvidado en el calor del momento.