Heitor Baumann se despierta con la polla dura y no puede resistirse
El olor a sudor de la noche anterior aún flota en el aire cuando abres los ojos y sientes el peso caliente de tu verga entre las piernas, palpitando contra el pantalón. Sabes que no deberías, pero el deseo te quema las entrañas mientras miras a Heitor Baumann dormido a tu lado, su pecho subiendo y bajando con respiraciones profundas. Te acercas sigiloso, sintiendo cómo tu polla se pone más dura al ver sus labios entreabiertos, su cuerpo relajado y vulnerable. No puedes evitarlo: le rozas el muslo con los dedos, y al sentir su piel suave, un gemido ahogado escapa de tu garganta. Él se mueve levemente, pero no se despierta, y eso te excita más. Te inclinas para chuparle el cuello, saboreando el salitre de su piel, mientras tu mano baja hasta su entrepierna y notas cómo su verga empieza a endurecerse bajo tu contacto. La agarras con fuerza, sintiendo el calor que desprende, y empiezas a masturbarlo despacio, disfrutando de cómo su respiración se acelera. Él murmura algo incoherente, pero no te detienes, al contrario, te arrodillas entre sus piernas y te metes su polla en la boca, chupando con ganas mientras tus dedos exploran su culo apretado. Sientes cómo se tensa bajo tu lengua, cómo sus muslos se contraen, y eso te enciende más. Lo montas a horcajadas, guiando su verga hacia tu culo y dejándote caer de golpe, sintiendo cómo te llena entero, cómo cada embestida te hace gemir más fuerte. Él abre los ojos de golpe, confundido pero excitado, y te agarra de las caderas para clavarte más hondo. '¿Qué coño haces?', susurra, pero no hay reproche en su voz, solo lujuria. 'Lo que deberíamos haber hecho hace semanas', le respondes, y lo besas con fuerza mientras lo cabalgas más rápido, sintiendo cómo el placer te quema por dentro. En más de 10 minutos de escena, no hay espacio para el arrepentimiento, solo para el sudor, los gemidos y el sonido de carne chocando contra carne. Cuando por fin te corres, lo haces con un grito ahogado, sintiendo cómo su leche te llena hasta el fondo. 'Joder, otra vez', dice él, y te empuja contra el colchón para tomar el control, y sabes que esta vez no habrá vuelta atrás.