La abuela Carmen con mamada de madera noruega profunda
La abuela Carmen lleva puesto un vestido ceñido que le marca cada rollito mientras se sienta en el borde del sofá con las piernas bien abiertas, mostrando el coño peludo y ya mojado que no para de gotear. Él se acerca con la polla dura como una piedra, gruesa y con las venas marcadas, y sin mediar palabra le agarra la cabeza con fuerza para hundirle la verga hasta la garganta sin piedad. Ella tose al principio, pero pronto se le escapa un gemido ronco mientras le lame los huevos con la lengua juguetona antes de volver a engullirle el tronco hasta el fondo. Con una mano le masajea los huevos mientras con la otra le agarra el culo para empujarlo más adentro, sintiendo cómo el vello de su coño le roza la entrepierna cada vez que se la mete hasta el fondo. Él no para de gruñirle al oído lo buena que está esa boca vieja y caliente, mientras ella le chupa la punta con los labios bien pegados alrededor del glande, dejando que le caiga saliva espesa por la barbilla. La escena se pone más caliente cuando ella le ordena que le meta los dedos en el coño mientras sigue tragándosela, y él no duda en obedecerle, metiéndole dos dedos gruesos que la hacen gritar y sacudirse sobre el sofá. El sonido de los labios chupando y los jadeos de ella mezclados con los gruñidos de él llenan la habitación mientras la saliva resbala por su muslo y el sofá se mancha de gotas blancas que caen sin control. Cuando él siente que ya no aguanta más, la agarra del pelo para sacársela de la boca y le escupe un chorro espeso sobre los pechos flácidos que le tiemblan con cada respiración entrecortada, mientras ella se corre gritando con los dedos aún dentro de su coño empapado y los muslos temblorosos de placer.