La cremosa coño me pide que la folle sin parar
Se le escurría el jugo por los muslos mientras se retorcía sobre el sofá, los pezones duros como piedras y la boca entreabierta pidiendo a gritos que la empotren sin piedad. Sus caderas se movían solas, buscando más verga, más profundidad, más de esa polla gruesa que ya le estaba dejando el coño bien abierto y goteando. Cada vez que se la clavaba hasta el fondo, soltaba un gemido animal que le ponía los huevos más duros que el mármol, y ella se agarraba a las sábanas con los puños blancos de tanto placer. Le suplicaba entre jadeos que no se corriera aún, que la reventara viva con embestidas lentas pero brutales, que le llenara el coño de leche espesa hasta que no cupiera ni una gota más. Yo solo podía obedecer, hundiendo la verga hasta la raíz y sintiendo cómo su carne palpitaba alrededor, caliente y estrecha, chupándome cada embestida con un sonido húmedo que me volvía loco. Le lamí el clítoris hasta que se corrió una vez, pero no fue suficiente: quería más, mucho más, así que la giré boca abajo de un tirón y le abrí las nalgas con las manos para dejarle el culo bien expuesto. La primera embestida por detrás la dejó sin aire, con los pechos aplastados contra el colchón y los gritos ahogados en la almohada. No había terminado, ni ella tampoco, porque seguía pidiendo que la follara hasta dejarla hecha una mierda, con el coño empapado y el culo rojo de tanto azote. Cada vez que le pegaba un cachete en las nalgas, ella empujaba hacia atrás queriendo más, y yo no podía negarme a darle lo que tanto deseaba. Cuando por fin me dejé llevar y le solté toda la leche dentro, ella se corrió otra vez, esta vez con espasmos que le sacudían el cuerpo entero mientras me apretaba la polla con fuerza, como si no quisiera soltarla nunca. Quedamos los dos jadeando, sudados y pegajosos, con el sofá lleno de manchas de sus jugos y mi semen resbalando por sus muslos. Pero ni siquiera así se saciaba: me agarró de la cintura y me susurró al oído que todavía no había acabado, que quería más, que la siguiera follando hasta que se le olvidara cómo se respiraba.