La estrella porno se deja empotrar bien duro y dejarle llena
Desde que se quitó la bata de seda y dejó el culo al aire, Halle Hayes no paró de gemir cada vez que él le hundía la polla hasta el fondo. La morena de tetas gigantes se dobló sobre la cama con las piernas temblorosas, el coño chorreando y los labios carnosos pidiendo más a gritos. Él agarró sus caderas anchas y la empotró sin piedad, haciendo que las tetas le botaran como si fueran de gelatina mientras el sonido húmedo de sus cuerpos chocando llenaba la habitación. Ella gruñó con voz ronca, pidiendo que no se detuviera, que la follara más fuerte, que le llenara el coño de leche bien caliente. Él le agarró el pelo negro y le tiró la cabeza hacia atrás, obligándola a arquear la espalda mientras la penetraba con embestidas profundas que le hacían chillar de placer. Ella le suplicó que no parara, que no se corriera todavía, pero sus palabras se ahogaron cuando él le metió los dedos en la boca para callarla mientras le clavaba la polla hasta el fondo. La polla gruesa le abría bien el coño mojado, estirando sus labios carnosos hasta que ella solo pudo jadear y mover el culo hacia atrás para recibir cada embestida sin piedad. Él le dejó las nalgas rojas de tanto azote, la piel brillante de sudor y el coño tan empapado que goteaba cada vez que él se salía un poco. Ella se corrió gritando, con las piernas convertidas en gelatina y el clítoris palpitando mientras él le llenaba el coño de leche espesa, gruesa y bien caliente, dejando su vientre tembloroso y los muslos pegajosos de leche mezclada con sus jugos. La morena se dejó caer sobre la cama, jadeando, con la cara roja y una sonrisa perezosa mientras él le limpiaba los restos de corrida de los muslos con la lengua, lamiendo cada gota sin desperdiciar nada.