La mamá de mi amigo Ariella Ferrera me volvió loco con su cuerpo
La tarde estaba pesada, el sol quemaba y yo me había quedado solo en casa de mi amigo mientras él salía a hacer unos mandados. No podía dejar de pensar en la mamá de mi amigo, Ariella Ferrera, esa milf de tetas grandes y un culo que no podía ignorar. Cada vez que venía a visitarnos, se ponía unos shorts ajustados que dejaban ver sus curvas perfectas, y yo me moría por tocarla. Esa vez, cuando abrió la puerta, llevaba una blusa transparente que apenas cubría sus pezones duros. Me miró con una sonrisa pícara y me dijo que su hijo no volvería en horas. No pude resistirme, me acerqué y le agarré el culo con fuerza, sintiendo cómo su piel ardía bajo mis manos. Ella gimió y me empujó contra la pared, desabrochándome el pantalón con una velocidad que me dejó sin aliento. Su boca se cerró alrededor de mi polla, chupando con una intensidad que me hizo temblar. Cuando ya no aguanté más, la levanté y la senté sobre mí, hundiendo mi verga en su coño mojado de una estocada. Sus tetas rebotaban con cada embestida, y sus gemidos llenaban la habitación mientras yo la empotraba contra el sofá. Sentí cómo su cuerpo se tensaba y su coño se apretaba alrededor de mi polla, indicándome que estaba a punto de correrse. La giré y la penetré por atrás, sintiendo cómo sus nalgas chocaban contra mis caderas. Cuando por fin me vine, lo hice dentro de ella, llenándola hasta que su coño chorreó mi leche. Prometió que la próxima vez sería aún más salvaje.