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La reina del culo aguanta empotrada sin piedad

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Estúdio Cattyandjon
Atores CattyJonnn

Desde que abrió la puerta con ese vestido ajustado que le marcaba cada curva del culo perfecto, él supo que iba a ser una noche de locura. La mujer se pavoneó frente a él con una sonrisa de puta satisfecha, dejando caer el vestido al suelo sin pudor mientras se agachaba para ofrecerle el culito bien prieto entre sus nalgas redondas. Él no perdió tiempo y escupió en sus dedos antes de hundirlos en su coño empapado, arrancándole un gemido ronco que resonó en las paredes del departamento. Con dos dedos bien metidos hasta la segunda falange, la obligó a chillar mientras le susurraba al oído lo puta que era, cómo le encantaba que le ensancharan el culo con esa polla gruesa que le palpitaba entre las piernas. Ella respondió arqueando la espalda, empujando el culo hacia atrás como una perra en celo, pidiendo a gritos que la empotrara sin compasión. Él no se hizo rogar y alineó su miembro tieso contra su entrada temblorosa, empujando con un gruñido animal hasta que la cabeza de su verga desapareció dentro de ese agujero apretado que lo volvía loco. Las embestidas llegaron brutales, cada golpe resonando en el silencio del cuarto con un sonido húmedo de carne chocando contra carne, mientras ella gritaba como una damisela en apuros hasta que sus piernas flaquearon. Él la agarró de las caderas con fuerza, clavándola contra la pared mientras le comía el cuello a mordiscos, sintiendo cómo su coño se contraía alrededor de sus dedos cada vez que la empalaba hasta el fondo. El sudor les corría por la espalda cuando él cambió de ritmo, ralentizando las embestidas para alargarle el placer hasta que ella suplicó por una corrida que le quemaba las entrañas. Él no se contuvo más y, con un último empujón que la dejó sin aire, la llenó por dentro hasta el último milímetro, sintiendo cómo su verga pulsaba mientras eyaculaba dentro de ese culo que lo había vuelto adicto en segundos. Ella se vino al mismo tiempo, mordiendo la sábana para no despertar al vecino, con el coño chorreando y el culo tan abierto que él pudo ver cómo se le escapaba parte de su leche espesa por los bordes, dejando un rastro pegajoso en sus muslos.

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