La sirvienta brasileña tiene un culo que enloquece
La chica de la limpieza llegó temprano con su uniforme ajustado y una sonrisa pícara que dejaba claro que no solo venía a barrer el polvo. Sus tetas grandes rebotaban bajo la blusa mientras se agachaba a recoger algo, mostrando ese culo perfecto y tatuado que no podía dejar de mirar. Sin pensarlo, le agarré el trasero con fuerza, apretando esos cachetes firmes y redondos, mientras ella gemía suavemente. La giré contra la pared, le subí el vestido y le arranqué el tanga con los dientes, sintiendo lo mojada que estaba. Su coño apretado me chupaba la polla como si no hubiera mañana, y cada vez que la embestía, sus gritos se mezclaban con el sonido de la carne golpeando. La levanté en el aire, clavándola contra la pared mientras la follaba sin piedad, sintiendo cómo su culo se apretaba alrededor de mi verga dura. Cuando no aguanté más, me corrí dentro de ella, llenándola con mi leche caliente mientras ella se retorcía de placer. Al terminar, se limpió con un pañuelo y me guiñó un ojo, prometiendo volver mañana. Esa sirvienta sabe cómo dejar a un hombre satisfecho.