La trans tatuada se deja empotrar de perrito como una puta
Fabiana llevaba días mirándote con esos ojos de necesidad, rozando su culo perfecto contra tu pierna cada vez que pasabas, humedeciéndose solo con imaginarte metiéndosela hasta las pelotas. Sabías que no aguantaría mucho más, y cuando por fin te la llevaste al cuarto, su coño ya estaba chorreando de anticipación. Te arrodillaste detrás de ella, separándole las nalgas con las manos para admirar ese ojete rosado antes de escupirle encima y deslizarte dentro de una sola embestida. Fabiana gritó, pero no de dolor, sino de placer, arqueando la espalda para que la penetraras más hondo. Sus gemidos se mezclaban con el sonido de tu polla entrando y saliendo de su culo apretado, cada vez más rápido, más duro, hasta que sus muslos temblaron y te rogó que le llenaras el ojete con tu leche. Te correstes dentro de ella con un gruñido, sintiendo cómo su culo se apretaba alrededor de tu verga, y cuando te saliste, Fabiana se lamió los dedos, mirándote con una sonrisa de puta satisfecha. "¿Ves lo bien que me la metes, Actorfab?", te dijo, retorciéndose para que vieras cómo su culo seguía goteando tu corrida.