Isa Lawrence se corre con una máquina de follar sin parar
Isa Lawrence no podía creer lo que estaba haciendo, pero el morbo era más fuerte que la culpa. Sabía que esto estaba mal, que nadie debía enterarse, pero el placer de sentir esa máquina empotrándola sin descanso la volvía loca. Primero se mojó los dedos para lubricar el juguete, sintiendo cómo el metal frío se calentaba con su calor. Se sentó sobre el aparato con un gemido ahogado, sintiendo cómo la polla artificial la penetraba de una estocada hasta hacerle tocar el cuello del útero. Las caderas chocaban contra el mecanismo, y cada embestida la acercaba más al orgasmo. Isa se mordía los labios para no gritar, pero los gemidos escapaban entre dientes. El sudor le resbalaba por la espalda mientras se movía más rápido, sintiendo cómo el juguete la llenaba por completo. Sabía que esto era pecado, pero no podía parar. El clímax llegó como un relámpago, y su cuerpo se tensó antes de que el placer la recorriera entera. Cuando terminó, quedó temblando, con la máquina aún dentro y una mancha de humedad en el suelo.