Luna Love se estremece al sentir su propia polla bien dura
No sé qué me pasó al verla ahí, desnuda frente al espejo, mirándome con esos ojos verdes que me vuelven loco mientras se agarraba esa polla gruesa que tanto le gusta torturar. Sabía que esto estaba mal, que no debería excitarme así, pero mi deseo era más fuerte que la culpa. Ella se mordía el labio inferior mientras se acariciaba, arqueando la espalda para que cada centímetro de su cuerpo brillara bajo la luz tenue de la habitación. Yo no aguanté más y me acerqué sigiloso, mi polla ya lista para hundirse en su propia boca, pero primero quería verla gemir. Luna Love se estremecía cada vez que sus dedos apretaban el tronco de su verga, las venas hinchadas pulsando bajo su piel suave. Le susurré al oído que quería verla correrse, que no se contuviera, y ella obedeció, arqueándose para mí mientras sus caderas comenzaban a moverse al ritmo de su propia mano. La saliva que caía de sus labios mojaba su pecho, gotas que se deslizaban hacia abajo mientras el placer la consumía. No pude resistirme y le agarré la polla con fuerza, sintiendo cómo latía entre mis dedos, caliente y palpitante. Cada movimiento mío la hacía gemir más fuerte, y cuando aceleré el ritmo, su cuerpo se tensó de repente, los músculos de sus piernas temblando mientras eyaculaba en chorros gruesos que salpicaron su abdomen. El olor a semen fresco llenó el aire, y ella cayó hacia atrás en la cama, jadeando, pero yo sabía que esto no terminaría así. La próxima vez no tendré tanta paciencia, y ella lo sabe.