La trans Victoria Carvalho se clava un dildo enorme en su culito apretado
La primera vez que vi a Victoria Carvalho así, con el culo al aire y las piernas temblorosas, supe que no iba a aguantar. La excitación de que alguien pudiera entrar en cualquier momento —el marido, los vecinos— le ponía la piel de gallina. Se mordía los labios mientras se agachaba, deslizando esa polla de plástico hasta el fondo de su culo respingón, que brillaba por lo mojada que estaba. Cada embestida la hacía gemir bajito, como si quisiera ahogar el sonido, pero el chasquido húmedo del dildo entrando y saliendo era imposible de disimular. Victoria jadeaba, agarrotando las sábanas, sus pechos turgentes botando con cada golpe. Escuché un ruido en el pasillo y contuve la respiración, pero ella no se detuvo, solo apretó más las nalgas, hundiendo el juguete hasta que las caderas le temblaron. El sudor le corría por la espalda cuando empezó a correrse, el orgasmo sacudiéndola en silencio, los músculos del culo apretándose alrededor del dildo como si no quisiera soltarlo. Cuando por fin se desplomó, exhaustion pero con una sonrisa de puta satisfecha, solo entonces recordé que afuera seguía el mundo, y que la suerte podría no durar para siempre. Al otro lado de la puerta, los pasos se alejaron sin detenerse, dejándonos solos con el latido de su corazón descontrolado.