La venganza de mi polla en el asiento trasero
Esa noche, después de la fiesta, la vi mirándome con esa sonrisa de puta que usaba cuando quería joderme la cabeza. Sabía que lo hacía para provocarme, para restregarme que otro la había follado antes, pero esta vez no me quedaría callado. La empujé contra el asiento trasero, le arranqué el vestido y le metí los dedos en el coño mojado mientras le susurraba al oído que ahora era mi turno de hacerla gemir. Le mordí los pezones duros, le clavé la lengua en la boca y le dije que me iba a correr dentro de ella hasta que no pudiera caminar. Mi polla la llenó entera de golpe, sintiendo cómo sus paredes se apretaban alrededor de mí, y empecé a embestirla con fuerza, escuchando sus gemidos ahogados contra mi cuello. Le agarré el culo con las manos, levantándole las caderas para meterla más profundo, hasta que sus muslos temblaron y su coño empezó a chorrear. Le di la vuelta, la puse a cuatro patas y le di tan fuerte que el asiento crujió bajo nosotros. Le tiré del pelo, le dije que era una puta y que nadie la follaría como yo. Cuando me corrí, lo hice con un gruñido, llenándola hasta que su vientre quedó marcado. Al terminar, su tanga roto quedó tirado en el suelo, manchado de su excitación y de mi leche.