Linciatrans y su amiga pidiendo mi polla en el culo
Linciatrans no paraba de mirarme con esos ojos de puta hambrienta cada vez que nos cruzábamos en el pasillo, y su amiga trans no se quedaba atrás, moviendo el culo como si supiera que tarde o temprano iba a romperles el ano. La tensión se acumuló durante días, hasta que una noche, con el apartamento a oscuras y solo el sonido de nuestros gemidos, no aguanté más. Las dos se arrodillaron frente a mí, chupando mi polla con esa boca de putas bien entrenada, mientras sus culos apretados se frotaban una contra la otra. Yo las empujé contra la pared, metiendo los dedos primero en el culo de Linciatrans, sintiendo cómo se retorcía de placer, antes de clavársela de una estocada hasta que sus gritos resonaron en toda la habitación. Su amiga no se quedó atrás, gimiendo como una perra en celo mientras la empotraba contra el sofá, sintiendo cómo mi polla gruesa se hundía en su culo virgen. Las dos se corrieron una y otra vez, con el semen escurriéndoles por los muslos, hasta que yo también me vacié dentro de Linciatrans, dejando mi marca en su culo bien roto. Al final, solo quedó su tanga tirado en el suelo, manchado de mi leche.