Madrastra confiesa su lujuria y me devora el coño
Arrodillada frente a mí, Serene Siren no aguantó más y soltó lo que llevaba semanas callando: su madrastra confiesa su lujuria por ella con un gemido ahogado. Harley Love, su hijastra, la miraba con los labios entreabiertos, sintiendo cómo el aire se espesaba entre sus cuerpos. Las dos se habían rozado en los pasillos, intercambiando miradas que quemaban más que el sol del mediodía. Esa noche, la tensión estalló cuando la madrastra, con dedos temblorosos, apartó el tanga de su hijastra y hundió la cara entre sus muslos. La lengua de Serene Siren se deslizó sobre el coño mojado de Harley, lamiendo cada pliegue con una devoción que hacía gemir a la chica. Los dedos se enredaron en el cabello, empujando más fuerte, mientras los muslos temblaban. La hijastra arqueó la espalda, gimiendo cuando los labios de su madrastra se cerraron alrededor de su clítoris, chupando con una presión que la hacía ver estrellas. El coño de Harley palpitaba, empapando la boca de Serene, que no paraba de murmurar lo rica que estaba. Cuando el orgasmo la sacudió, la madrastra no se detuvo, bebiendo cada espasmo hasta que la joven quedó sin aliento. "Ahora te toca a ti, puta", susurró Harley, empujándola contra la cama.