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Madrastra tetona me empotra hasta olvidar mis penas

6:14 720P 0 Familia Pervertida
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Estúdio Marinkaseshkoa

Ella siempre me miraba con esos ojos azules que me dejaban con la verga dura cada vez que bajaba las escaleras en tanga. Aquella tarde, después de un par de copas de más, su blusa fina se le pegó a los pechos desbordantes y yo no pude aguantar más. Se acercó con esa sonrisa de puta que me volvía loco y me agarró la polla por encima del pantalón mientras sus tetas enormes rebotaban contra mi pecho. Sin pensarlo dos veces, me empujó contra el sofá y se sentó encima de mí con ese coño bien mojado que ya olía a lujuria pura. Me pidió que se la metiera hasta el fondo mientras me susurraba al oído que necesitaba sentirme dentro de ella para olvidar sus propias mierdas. Agarré sus caderas gordas y la empalé con fuerza, sintiendo cómo su carne se abría para recibirme mientras sus gemidos llenaban la sala. Las embestidas eran brutales: cada vez que entraba hasta el fondo, sus tetas saltaban como si fueran a reventar la tela de su blusa, y yo no podía evitar agarrarlas con las manos mientras le chupaba los pezones duros como piedras. Ella se arqueó hacia atrás, con la espalda bien pegada a mis muslos, y empezó a cabalgarme como una perra en celo, con la boca entreabierta dejando salir esos jadeos que me ponían más duro que el mármol. A los pocos minutos ya le temblaban las piernas y su coño se contraía cada vez que la llenaba con mis embestidas profundas, pero yo no pensaba soltarla. La levanté en vilo y la puse contra la pared, con su culo redondo bien abierto para mí mientras le metía la polla hasta el fondo una y otra vez, sintiendo cómo su carne se estremecía con cada golpe. Cuando por fin se corrió, su coño se apretó como un tornillo alrededor de mi verga y un chorro de leche espesa le resbaló por los muslos mientras gritaba mi nombre como si fuera su puto dueño. Después de vaciarme dentro de ella hasta que no quedó ni gota, la dejé caer sobre el sofá con las tetas aún temblando y el coño lleno de mi semen, sabiendo que esa noche no iba a olvidar ni un segundo de lo que acabábamos de hacer.

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