Madura casada exige corrida en el ano al hijastro
Yo Pedro Carlostra entré en la casa y la vi esperándome de pie junto al sofá con esa mirada sumisa que ya conocía bien. Ella me miró directamente y me dijo en voz baja que no podía arriesgarse con el coño porque su marido volvería pronto así que lo único permitido era metérsela toda por el culo. Le ordené que se diera la vuelta y se bajara los pantalones despacio mientras yo me bajaba la cremallera para sacar mi polla ya dura. Ella obedeció sin rechistar y se inclinó hacia adelante ofreciéndome el ano apretado que yo empecé a abrir con los dedos primero para que estuviera listo. Le recordé que era mi puta personal y que solo podía correrse cuando yo se lo permitiera así que ella empezó a suplicar con voz temblorosa que la follase fuerte por detrás sin tocarle el coño en absoluto. La empotré de una sola estocada profunda hasta que mis caderas golpearon contra sus nalgas y ella soltó un gemido largo que resonó en la habitación mientras yo la sujetaba por la cintura controlando cada movimiento. Aumenté el ritmo metiéndola hasta las pelotas una y otra vez sintiendo cómo su ano se contraía alrededor de mi polla mientras ella repetía entre jadeos que era solo mía y que necesitaba mi semen dentro. Cuando sentí que estaba a punto le ordené que pidiera permiso y ella lo hizo con voz rota rogándome que llenara su culo de una vez. En ese momento ella pensó que por fin era libre de entregarse por completo a la obediencia que tanto la excitaba.