Mamita traga verga de duende en día de san patricio
La mamacita llevaba días imaginando cómo sería esa verga verde de duende metiéndosele hasta la garganta mientras se emborrachaba con cerveza espumosa en la fiesta de san patricio. Él, con su traje verde ajustado y la polla dura como piedra, no podía apartar la vista de sus tetas grandes rebotando bajo la blusa mojada. Sin pensarlo dos veces, ella se arrodilló en el suelo de madera, le bajó el pantalón y le agarró el tronco grueso y venoso con las dos manos, sintiendo cómo latía contra sus palmas calientes. Con la lengua afuera, le lamió la cabeza morada mientras el duende gemía fuerte, enredando sus dedos en su melena teñida de rojo. La mamita no perdió tiempo, se la metió toda en la boca hasta que le tocó la campanilla, ahogándose un poco pero sin soltar ni un milímetro, sintiendo el sabor salado y amargo de su precome. Él le empujó la cabeza contra su entrepierna, empotrándosela hasta el fondo mientras ella jadeaba con la garganta llena, los ojos llorosos pero los labios bien abiertos alrededor del tronco. Las tetas le rebotaban con cada embestida que le daba en la boca, y el olor a cerveza mezclado con sudor de duende le ponía la vulva más mojada que nunca. Él le agarró el pelo y la obligó a tragar más rápido, sintiendo cómo su garganta se contraía alrededor de su verga, mientras ella gemía con la boca llena, la saliva escurriéndole por las comisuras. Cuando por fin se corrió, le llenó la garganta con chorros espesos y calientes que ella tragó sin dejar gota, lamiéndose los labios después con una sonrisa pícara mientras le limpiaba con la lengua los restos que le quedaban en el saco arrugado. Él, exhausto pero con la polla aún dura, le ordenó que se subiera a la mesa y se agachara con el culo bien abierto, listo para clavársela hasta que le hiciera gritar como una puta en celo.