Marilyn y Marissa se devoran en un encuentro lésbico salvaje
Esa tarde en mi apartamento, Marissa llegó con un vestido ajustado que apenas cubría su culo perfecto, tatuado y bien parado. Sabía que me estaba provocando, rozándose contra mí cada vez que pasaba, enviándome fotos de su tanga mojado. No aguanté más y la empujé contra la pared, metiendo mis dedos en su coño caliente mientras ella gemía como una puta. Le arranqué el vestido de un tirón y me arrodillé para chuparle los pezones duros, mordisqueándolos hasta que gritó. Luego la tiré en la cama y me senté en su cara, frotando mi concha mojada contra su boca mientras ella me lamía sin piedad. Cuando ya no pude más, me di la vuelta y le metí los dedos hasta que se corrió, temblando. Después, la monté a horcajadas, moviendo mis caderas hasta que su cara se llenó de mi leche. La próxima vez, te aseguro que será aún más salvaje.