Maya se monta a Milo y lo deja lleno de leche caliente
Me subí encima de Milo con las piernas temblando de ganas, mi coño ya mojado desde que lo vi mirarme así durante días enteros. No aguanté más y me senté de golpe sobre su polla dura, sintiendo cómo me abría entera de un solo empujón. Grité cuando sus manos me apretaron las tetas, clavándome las uñas mientras yo me movía como una loca encima de él. Cada vez que bajaba, mi culo chocaba contra sus pelotas, y él gruñía como un animal, agarrándome las caderas para empotrarse más fuerte. La tensión de semanas de miradas robadas explotó cuando empecé a cabalgarlo sin control, mi coño apretando su verga como si quisiera tragársela. Milo me levantó de golpe y me puso a cuatro patas, metiéndomela por atrás sin piedad mientras yo gemía su nombre. Sentía cada centímetro de su polla grande rozándome las paredes, y cuando me agarró el pelo para follarme más duro, supe que no aguantaría mucho más. Me corrí gritando, pero él no paró, embistiéndome hasta que su leche caliente me llenó el culo mientras él gruñía como un salvaje. No me dejó respirar, solo sentir cómo su semen caliente me inundaba, y cuando por fin se salió, mi cuerpo temblaba de placer, con su leche goteando entre mis nalgas. No hubo tiempo para nada más, solo el sonido de nuestros cuerpos sudados y el olor a sexo en el aire.