Ayudo a mi hijastra a limpiar y me la empoto
Llevaba semanas viendo cómo se movía esa culona de diecinueve años con esos shorts ajustados que le marcaban el coño mojado cada vez que pasaba frente a mí. Hoy la invité a ayudarme a arreglar la casa con la excusa de que mi mujer estaba fuera, y desde el primer momento noté que su mirada se clavaba en mi polla dura bajo el pantalón. Empezamos a pasar el trapo por los muebles, pero ella no podía evitar rozarme con ese culo redondo y firme que tanto me ponía, mientras sus tetas saltaban bajo la camiseta sin sujetador. De pronto, sin decir nada, me agarró de la mano y me llevó al sofá donde solía echarme las siestas, me desabrochó el cinturón y sacó mi verga palpitante que ya goteaba pre-semen. Se agachó sin pudor y se la chupó con esos labios carnosos que le temblaban de ganas, haciendo unos ruidos húmedos que me volvieron loco mientras me agarraba las pelotas con una mano y me masturbaba con la otra. En menos de un minuto ya estaba empalada contra el respaldo, con ese coño bien mojado que se le abrió al instante cuando la empotré de una sola embestida, sintiendo cómo su carne caliente y estrecha me apretaba la polla hasta el fondo. Gritó como una puta desesperada mientras le agarraba las caderas y le metía la verga hasta el fondo una y otra vez, sus tetas rebotando con cada golpe y sus gemidos ahogados en el cojín del sofá. No tardé en sentir cómo su coño se contraía alrededor de mi miembro, anunciando que estaba a punto de correrse, así que le solté un manotazo en el culo que le dejó la marca roja de mis dedos mientras seguía embistiéndola sin piedad hasta que los dos explotamos al mismo tiempo: ella con un chorro de leche espesa escurriéndosele por las piernas y yo descargando toda mi carga caliente dentro de su conejito, llenándola hasta que el semen le resbaló por los muslos mientras jadeaba como una perra en celo. Cuando terminamos, se quedó tirada en el suelo con las piernas abiertas, su coño aún goteando y su cara roja de placer, pidiéndome que no parara nunca mientras me limpiaba los restos de su corrida con la lengua. No hay nada más excitante que follar con una hijastra que se deja hacer cualquier cosa sin protestar, especialmente cuando su coño está tan hambriento de polla como el mío de carne.