Mi hijastra me chupa la polla rogando que la penetre
Llevaba días notando cómo me miraba con esos ojos de perra en celo cada vez que pasaba a mi lado con solo un short diminuto, mordiéndose el labio inferior como si ya estuviera imaginando mi verga enterrada hasta las bolas dentro de su coño apretado. Hoy no pudo aguantar más y, en cuanto su madre salió de la casa, se lanzó sobre mí como una gata en celo, arrodillándose en el suelo de la sala y sacándome la polla de los pantalones con esas manitas temblorosas que no paraban de temblar de excitación. Sin perder ni un segundo, me la metió entera en la boca, ahogándose un poco al principio pero luego tragando saliva y chupando con una avidez que me volvió loco, mientras gemía como una puta desesperada pidiendo que la empotrara sin piedad. Le agarré la nuca con fuerza y le empujé la cabeza contra mi entrepierna, sintiendo cómo su lengua jugaba con mi glande antes de bajar por toda la verga, lamiendo cada vena mientras sus jadeos se volvían más audibles y su coño se iba mojando por segundos. "Por favor, papi, métemela ya, no aguanto más", susurra con voz quebrada mientras se frotaba el coño a través de la tela mojada del short, dejando marcas de humedad que delataban lo cachonda que estaba. La agarré de las caderas con las dos manos y la levanté como si no pesara nada, llevándola contra la pared más cercana donde la empalé de golpe contra el yeso frío, sintiendo cómo su coño estrecho se abría como una flor para recibirme, resbaladizo y caliente como nunca. Cada embestida la hacía gritar, con los pechos rebotando salvajemente y los labios entreabiertos dejando escapar gemidos guturales que retumbaban en la casa vacía. "Más fuerte, papi, destrózame el coño", me suplicaba mientras yo le clavaba la polla hasta el fondo, sintiendo cómo su carne se estremecía alrededor de mi verga cada vez que llegaba al fondo de su matriz. No pasó mucho antes de que sintiera su cuerpo tensarse como un arco, sus uñas clavándose en mis hombros mientras un orgasmo brutal la sacudía desde la cabeza hasta los pies, mojando su short y empapando mis pantalones con los jugos que brotaban sin control de su coño deshecho. Antes de que terminara de correrse, la giré contra la pared y la penetré por detrás, agarrándole las tetas con una mano mientras con la otra le azotaba el culo redondo hasta dejarlo rojo, sintiendo cómo su carne temblaba con cada nalgada. "Ahora sí, putita, vas a aguantar hasta que me corra dentro de ti", le gruñí al oído mientras le metía la polla hasta los huevos una y otra vez, hasta que sentí cómo mi leche caliente se disparaba dentro de su coño, llenándola por completo mientras ella gritaba de placer y se dejaba caer contra la pared, exhausta pero con una sonrisa de satisfacción dibujada en la cara.