Mi madrastra Natasha Bull me sirve el desayuno pero yo quiero su coño de postre
Me levanto con el olor a café y pan tostado, pero lo único que me pone duro es el culo de Natasha Bull en ese short ajustado. Ella sabe que no debería, pero cuando me agacho para recoger el tenedor que se le cae, su mano me roza la polla y los dos sabemos que esto va a terminar mal. Natasha se muerde el labio mientras me mira, sus tetas rebotando al inclinarse sobre la mesa, y yo ya le estoy bajando el short con los dientes. Su coño está mojado desde antes de que yo lo toque, y cuando le meto dos dedos de golpe, ella gime tan fuerte que el vecino debe estar escuchando. Natasha se sube a la mesa y me monta como una loca, su culo perfecto rebotando contra mis caderas mientras me chupa los pezones. Cuando le doy una nalgada, ella se corre en mi mano y me exige que le meta la polla hasta las pelotas. La empotro contra la pared, sus piernas alrededor de mi cintura, y cuando le lamo el cuello, ella me clava las uñas en la espalda. Natasha me suplica que me corra en su boca, y cuando lo hago, traga cada gota como una puta hambrienta. La próxima vez, voy a arrancarle ese tanga y follármela en el suelo de la cocina.