Mila monet se corre al chuparla y empotrarla dura
Desde que llegó a vivir con él, Mila no paraba de lanzar miraditas juguetonas mientras se cambiaba de ropa por la mañana... Hoy, sin embargo, la cosa se puso más caliente que de costumbre: se le notaba la tanga empapada al inclinarse sobre la encimera de la cocina, con esos pezones duros asomando bajo la camisita de tirantes. Él no pudo resistirse y le agarró el pelo mojado mientras le metía la polla hasta la garganta, sintiendo cómo la morra gemía con cada arcada mientras le lamía el glande perforado. La empujó contra la nevera y le bajó el short de encaje, dejando al descubierto ese coño depilado y brillante que ya chorreaba de puro deseo. Con un gruñido, le abrió las piernas de un tirón y se la empaló de golpe, sintiendo cómo su culo apretado se contraía al ritmo de las embestidas brutales mientras ella chillaba de placer. Mila se retorcía bajo su peso, con las tetas rebotando al compás de cada embestida profunda, mientras él le mordisqueaba el cuello y le susurraba obscenidades al oído. El sonido de sus cuerpos chocando resonaba en toda la casa, mezclado con los gemidos ahogados de ella, que no paraba de repetir lo mucho que le encantaba sentirlo bien metido dentro. Cuando sintió que el orgasmo la atravesaba como un rayo, él le sujetó fuerte las caderas y se corrió dentro de su coño empapado, llenándola de leche espesa mientras ella se contraía alrededor de su miembro, arrastrándolo al clímax más intenso que había tenido en meses. Después, se quedaron jadeando, sudorosos y pegajosos, con las piernas temblorosas y el corazón a mil por hora, sabiendo que esto no sería más que el principio de una noche larga y salvaje entre hermanos.