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Rubia ardiente se deja empotrar por el grandullón

10:26 720P 1 Corridas
verga gruesaorgasmo intensosexo salvajecoño bien mojadogemidos de putapolla enorme empotradasemen por todas partesnalgas marcadasleche por la cararubia follada duro
Estúdio POOKSI

Llevaba días coqueteando con él desde la ventana, mordiéndose el labio al verlo con los brazos sudados levantando pesas en el parque... Hoy no pudo resistirse cuando el hunk de Ivan se acercó con esa mirada de depredador y esa verga palpitante que le colgaba a medio palmo entre las piernas. Antes de que pudiera articular palabra, él la empujó contra la pared del callejón, arrancándole el vestido de un tirón para dejar al descubierto unos pechos naturales que rebotaban como gelatina al ritmo de sus embestidas. Ivan no perdió tiempo: le agarró el pelo rubio con fuerza mientras le metía la polla hasta el fondo del coño, haciendo que gritara como una puta en celo al sentir cómo le llenaba cada rincón de su interior. Ella se aferró a sus hombros musculosos, gimiendo con voz de loca cuando él le azotó el culo para marcarle el ritmo, pasando de la postura de perrito a cabalgarlo como una yegua salvaje con el coño empapado que chorreaba jugos cada vez que se dejaba caer sobre su verga gruesa. Entre jadeos y gruñidos, Ivan le escupió en la boca para lubricarle la garganta antes de clavársela hasta la tráquea, obligándola a tragarle la leche espesa que le llenó la boca hasta derramarse por sus mejillas sonrojadas mientras el orgasmo le recorría el cuerpo como un rayo. Pero él no había terminado: la giró boca abajo, le abrió las nalgas con las manos y se la empotró desde atrás con tal fuerza que los muslos le temblaban como gelatina, sacudiéndose dentro de ella hasta dejarla temblando con el coño en llamas y las piernas convertidas en gelatina al correrse por cuarta vez en menos de una hora. Cuando finalmente se dejó caer sobre el colchón improvisado en el suelo, jadeando con los labios hinchados y el cuerpo cubierto de sudor y saliva, Ivan le disparó una lluvia de lefa caliente por toda la cara y el pecho, dejando marcas blancas que se deslizaban por sus tetas naturales mientras ella sonreía como una puta satisfecha, con los ojos vidriosos y el coño todavía goteando.

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