Rubia cachonda se empala con polla enorme hasta correrse
La rubia Martha llevaba días coqueteando con Caleb cada vez que pasaba frente a su casa, mordiéndose el labio inferior mientras le lanzaba miradas cargadas de morbo. Cuando por fin lo recibió en su habitación, ni siquiera esperó a que cerrara la puerta para arrodillarse frente a él y empezar a lamerle los huevos con lengua juguetona, chupándolos despacio mientras él gemía y le agarraba el pelo rubio con fuerza. Caleb no perdió tiempo y la levantó en volandas, empujando su enorme verga contra el coño empapado de Martha, que ya estaba gimiendo como una perra en celo al sentir la punta rozándole el clítoris hinchado. La primera embestida la dejó sin aliento, con los muslos temblando mientras él la empotraba contra la pared, su culo prieto rebotando al ritmo de cada golpe seco de sus caderas. Martha no pudo evitar gritar cuando Caleb le agarró las tetas naturales y se las apretó con saña, metiéndosela hasta el fondo de su conejita rosada mientras ella arañaba la madera de la pared, su coño chorreando jugos por cada embestida brutal. En un abrir y cerrar de ojos, la rubia estaba montándolo al revés, cabalgándolo con las tetas colgando libres mientras él le azotaba el culo con la mano abierta, haciendo que cada respingo la acercara más al orgasmo que le retorcía las entrañas. Caleb no aguantó más y, con un gruñido gutural, le agarró la melena y le clavó la polla hasta el fondo, corriéndose con fuerza dentro de su matriz mientras Martha se deshacía en espasmos, su coño ordeñando cada gota de leche caliente que le inundaba las paredes vaginales. El semen le resbaló por las piernas y le manchó el tanga rosa antes de caer al suelo, pero antes de que pudiera recuperarse, Caleb la empujó contra la cama y le escupió en la hendidura del culo, preparándola para otra ronda de follada salvaje mientras ella, exhausta pero hambrienta, le suplicaba con voz entrecortada que no parara.