Psicóloga cachonda se empala con su cliente grueso
La doctora llevaba meses mirando el culo prieto de su cliente cada vez que se quitaba la corbata, pero hoy no pudo resistirse y lo agarró de las solapas en su consultorio. Él llegó con la polla ya dura bajo el pantalón, oliendo a perfume barato y deseo puro, y ella no perdió ni un segundo en arrodillarse para chupársela como una puta hambrienta. Cuando por fin lo tuvo bien mojado en su garganta, la muy zorra se levantó, se quitó la falda ajustada y le mostró el coño empapado mientras le susurraba al oído que no usaría condón. Lo empujó contra el sofá de cuero, le bajó los pantalones hasta las rodillas y se dejó caer de espaldas para que él la empotrara con fuerza, sintiendo cómo su polla enorme abría cada centímetro de su concha hasta dejarla sin aire. La doctora gemía como una perra en celo, arañando los cojines mientras él le clavaba los dedos en las caderas y la embestía sin piedad, haciendo que sus tetas grandes botaran con cada golpe. Cuando él sintió que se le escapaba el semen, la sacó de golpe y se corrió en su cara, llenándole los labios, la nariz y hasta las cejas de leche espesa, mientras ella se lamía los restos de su corrida con la lengua golosa. Después, jadeando y con las medias rotas, la psicóloga lo miró con los ojos vidriosos y le ordenó que se corriera otra vez, esta vez dentro de su coño chorreante, porque hoy no había citas, solo folladas brutales y una necesidad que los consumía a los dos.