Rubia caliente se chupa la polla hasta correrse
Kimora, una morena de pelo dorado y tetas naturales bien pequeñas, estaba doblando la ropa en su cuarto cuando Dorian entró sin avisar... La polla le apuntaba directamente a la cara desde el pantalón, dura como una piedra y con la punta ya brillando de gotas de leche. Sin pensarlo dos veces, se agachó y se la llevó hasta la garganta, tragando saliva espesa mientras las venas le latían con fuerza contra la lengua. Dorian le agarró la nuca y empezó a empujarle la cabeza hacia adelante, ahogándola en su propio vómito de babas mientras le llenaba la boca con cada embestida brutal. Ella gemía con la boca llena, con los ojos llorosos y el rímel corriéndose por las mejillas, pero no se quejaba: solo quería que le llenara la garganta de leche caliente. Entre babas y estertores, le lamió los huevos mientras le masajeaba el tronco con las dos manos, frotando la piel suave pero con fuerza, haciéndolo gruñir como un animal. Cuando le metió dos dedos en el coño empapado, notó que estaba más mojada que nunca, con el tanga ya empapado y las bragas pegadas al culito tembloroso. Dorian gruñó, le sacó la polla de la boca con un *pop* húmedo y se la restregó contra la cara antes de escupirle en la boca abierta, mezclando su saliva con las babas que ya le cubrían los labios. Kimora no pudo aguantar más: se arrancó el sujetador y se frotó los pezones duros contra el muslo de él mientras le chupaba las bolas con avidez, notando cómo se le ponían tirantes y pesadas antes del primer chorro. Cuando sintió el primer latigazo de leche caliente disparándosele contra la lengua, abrió bien la boca y se dejó inundar, tragando con desesperación mientras él le escupía más por la cara y el pelo. Los chorros le resbalaban por el cuello, le manchaban los pechos y le llegaban hasta el ombligo, pero ella solo quería más, lamiéndole el glande hinchado hasta que no quedó ni una gota. Al final, se limpió la cara con el dorso de la mano mientras Dorian se acomodaba la polla en los pantalones, exhausto pero todavía duro, pero esta vez ella se lo llevó de nuevo a la boca para no perder ni una gota de su corridita.