Nalgadas con una pala grande y pesada a Evelyn Holloway
Sientes el crujido de la madera golpeando mi carne mientras me arqueo, el escozor extendiéndose por mis nalgas rojas como un fuego que no se apaga. Maynard no tiene piedad, cada azote resuena en la habitación mientras me muerdo el labio para ahogar los gemidos, pero el riesgo de que alguien entre —su marido, los vecinos— solo me moja más. El cuero de sus pantalones roza mi culo ardiente cuando se inclina para susurrarme al oído: '¿Quieres que pare o que te folle así, toda roja y temblando?'. Mis muslos están pegajosos de lo mojada que estoy, y cuando por fin me da la vuelta y me empuja contra la pared, siento su polla dura clavándose entre mis nalgas antes de entrar de una estocada, haciendo que mis rodillas cedan. Cada embestida me clava más contra la pared, el sonido de su piel contra la mía mezclándose con mis jadeos ahogados, porque si alguien escucha, todo se arruina. Sus manos agarran mis caderas con fuerza, marcándome, mientras me susurra: 'Eres una puta que disfruta esto, ¿verdad?'. No respondo, pero mi cuerpo lo dice todo: mis uñas arañando la pared, mi coño apretándose alrededor de su verga, el sudor corriendo por mi espalda. Cuando por fin se corre dentro de mí, el calor me llena y solo pienso en lo cerca que estuvimos de que nos descubrieran, y en lo mucho que quiero repetirlo.