Novia morena me chupa la polla en safari salvaje
La guarra de mi novia, con esos labios carnosos y esos pechos que rebotan cuando camina, no pudo esperar ni cinco minutos después de aparcar el jeep en la sabana. Apenas bajamos del coche, me agarró la bragueta con esas uñas pintadas de rojo sangre y me sacó la polla dura como un fierro, gruñendo que necesitaba sentir el sabor en su boca antes de que los leones nos olieran. No le importó que estuviéramos en medio de la nada, rodeados de jirafas que nos miraban con cara de asco mientras ella se arrodillaba sobre la tierra polvorienta, con ese culito prieto apretado en un short diminuto. La muy perra me metió la verga hasta la garganta de un solo tirón, ahogándose un poco pero sin soltarme ni un segundo, con los ojos llorosos de tanto esfuerzo mientras las venas de mi polla le marcaban los labios. Le encantaba sentir cómo se le hinchaban las tetas al tragarme, y cada vez que llegaba hasta el fondo me miraba fijo, como si me desafiara a correrme en su boca sucia. Yo le agarraba la cabeza con ambas manos y le empotraba la polla hasta que se le salían las babas por las comisuras, mientras ella gemía como una puta en celo, con los muslos temblorosos y la entrepierna ya empapada por el calor de la excitación. De repente, un rugido lejano nos puso a mil: ella se levantó de un salto, se quitó el short de un tirón y se sentó sobre mí en el capó del jeep, clavándome la polla hasta las pelotas mientras gritaba que me quería sentir hasta en la garganta. Me corrí dentro de ese coño apretado y caliente que chupaba con desesperación, sintiendo cómo me ordeñaba la leche hasta la última gota mientras los animales nos rodeaban, indiferentes a nuestra locura. La muy zorra se limpió los restos de semen de la cara con el dorso de la mano y me susurró al oído que si quería repetir, solo teníamos que volver a la civilización... pero esta vez sin ropa.