Novia tetona se deja empotrar con culo gigante
La morra llevaba meses coqueteando con miraditas en clase mientras el profe de gimnasia le enseñaba los ejercicios, pero hoy no pudo resistirse cuando él le arrancó los lentes de un tirón y le mordió el labio inferior con esos dientes blancos suyos. La chica, con esos pechos que se le salían de la blusa ajustada y ese culo que parecía dos sandías maduras apretadas en esos jeans rotos, no pudo evitar gemir cuando él le agarró las caderas y la empujó contra el escritorio del baño del colegio. Él, un tío bien musculoso con tatuajes que le cubrían hasta el cuello y una verga que parecía un bate de béisbol, le levantó la falda hasta la cintura y le arrancó el tanga de encaje negro sin pensarlo dos veces. Ella, con la piel pálida llena de pecas y unos pezones perforados que le asomaban por la camiseta, se dejó hacer mientras él le lamía el cuello y le susurraba al oído que tenía el coño más jugoso que había probado en su vida. La polla enorme le abrió las carnes al primer empujón, haciendo que ella gritara con voz aguda y le clavara las uñas en la espalda mientras él la empotraba contra la pared del baño, con los muslos temblorosos y el culo redondo rebotando contra su vientre cada vez que la embestía. Él, sudando como un cerdo y con los ojos inyectados en sangre, no aguantó más y le metió toda la verga hasta el fondo, haciendo que ella se corriera con espasmos violentos que le mojaron hasta la entrepierna mientras él le llenaba el coño con chorros gruesos de leche caliente que le resbalaban por las piernas. Cuando por fin se separaron, ella quedó jadeando con la polla aún goteando entre las piernas y los labios hinchados de tanto morderlos, mientras él se limpiaba el sudor de la frente y le decía que nunca había follado a una chica con un culo tan perfecto y unas tetas tan apetitosas.