Pechos jugosos y culo perfecto en follada salvaje
La rubia de curvas explosivas ya estaba empapando el tanga de seda antes de que él le rozara el culo con los dedos. Lorenzo no pudo resistirse al ver cómo sus tetas enormes rebotaban cada vez que ella se movía, ese coño depilado y brillante que pedía a gritos ser devorado. Primero le lamió el clítoris con la punta de la lengua mientras le apretaba los pechos con fuerza, haciendo que la morena gemidora se retorciera de placer y le clavara las uñas en los hombros. Cuando él se enterró en su vagina empapada con movimientos lentos y profundos, ella soltó un grito ahogado que resonó en toda la habitación. Lorenzo le agarró las caderas con ambas manos y la empotró contra la pared, haciendo que sus nalgas firmes temblaran con cada embestida brutal. Ella le rodeó el cuello con las piernas, jadeando entre gemidos roncos mientras le pedía más fuerte, más rápido, que no parara hasta dejarla sin aliento. Él le chupó un pezón rosado mientras le metía los dedos en el coño, sintiendo cómo sus jugos resbalaban por su mano mientras ella se corría en espasmos violentos. Cuando Lorenzo notó que su verga dura como una roca se hinchaba dentro de ella, supo que no aguantaría más y la sacó para dispararle chorros gruesos de leche caliente por toda la cara y los pechos, marcándola como suya. La morena se quedó temblando, con el cuerpo cubierto de sudor y la mirada perdida, mientras él le acariciaba el culo con los dedos aún temblorosos. No hubo tiempo para recuperarse porque ella, con una sonrisa pícara, le agarró la polla otra vez y se la metió en la boca para chupársela hasta dejarla brillante y limpia de restos de corrida. Lorenzo gruñó satisfecho mientras le agarraba la cabeza y le metía la polla hasta la garganta, sintiendo cómo ella tragaba con avidez cada gota de semen que le quedaba.