Polla grande me hizo olvidar que me engañó con ella
Desde que me enteré de que mi novio me puso los cuernos con esa maldita loca de tetas enormes, juré no volver a caer en sus juegos sucios. Pero cuando esta traga pollas se plantó frente a mí con ese arnés bien ajustado y esa sonrisa de puta que solo sabe chupar bien, supe que iba a ser imposible resistirme. Me agarró del pelo con fuerza y me clavó su polla de silicona hasta la garganta, haciéndome toser mientras me ahogaba con sus bolas llenas de veneno. Su coño artificial estaba empapado, goteando jugos falsos que olían a sexo barato y a traición, pero a mí solo me importaba que esa verga durísima me abriera el culo como nunca antes. La primera embestida fue brutal, me empotró contra el espejo del baño mientras me susurraba al oído que mi novio era un mierda y que ella me daría más placer en una noche que él en años de mentiras. Cada gemido que soltaba resonaba en mis oídos como música, sus tetas rebotaban con cada golpe de cadera y su aliento caliente me quemaba la nuca mientras me clavaba esa polla hasta el fondo. Sentí cómo mi culo se estremecía, se abría como una flor podrida bajo sus embestidas salvajes, y aunque intentaba resistirme al final no pude más que gritar cuando el arnés me azotó el clítoris con cada embestida, provocando que el coño real se me mojara de verdad. Ella no se conformó con mi culo, no, esa puta quiso dominar cada centímetro de mi cuerpo: me hizo tragar su polla hasta que el semen falso me escupió por la boca mientras me ahogaba en la salchicha de goma. Cuando por fin se corrió, sentí cómo su leche barata me resbalaba por el pecho mientras me arrastraba al suelo para lamerme el coño con esa lengua experta que solo las travestis saben usar. Al final, entre sudor y gemidos, supe que mi novio había perdido para siempre: esa noche ella me dejó más satisfecha que nunca, con el culo bien abierto, la boca llena de su verga y la mente borracha de placer sucio.