Yoga caliente con la vecina que no usa ropa interior
La vecina de al lado siempre hace yoga en el balcón con esas mallas ajustadas que no dejan nada a la imaginación, y hoy se le olvidó ponerse bragas. Cada vez que se agacha para tocarse los dedos de los pies, se le ve el coño rosado y bien mojado, brillando bajo el sol. El vecino no aguanta más y se acerca para ver mejor, pero ella lo nota y en vez de taparse, abre más las piernas y se lame los labios. Con una sonrisa pícara, le dice que si quiere ayudarla a estirar, y él no lo piensa dos veces: se arrodilla detrás de ella y le mete los dedos en el coño mientras le chupa el cuello. Ella gime fuerte, arquea la espalda y le pide que la folle duro, que no puede más de lo excitada que está. Él le arranca las mallas de un tirón, le agarra el culo con ambas manos y le clava la polla hasta el fondo, haciendo que ella grite de placer. Cada embestida la hace chocar contra la pared, y el sonido de sus cuerpos golpeándose se mezcla con sus gemidos. Ella se corre primero, apretando la polla con su coño, y eso lo vuelve loco: le agarra el pelo, la empuja contra el suelo y se corre en su espalda, marcándola como suya. Quedan los dos jadeando, sudados y satisfechos, mientras ella le susurra que esto será su rutina de yoga diaria.