Psicóloga perversa folla a una babe con medias
Esa tarde en mi consultorio, Molly Stone entró con sus medias de seda y una sonrisa que prometía problemas. Te voy a contar cómo empezó todo: ella se sentó frente a mí, cruzó las piernas y dejó que su falda subiera un poco más de lo necesario, solo para ver cómo me ponía duro. ¿Te gustaría estar en mi lugar? Porque yo no aguanté más cuando se inclinó hacia adelante, dejando que sus tetitas pequeñas rozaran mi escritorio. Primero me chupó la polla con esos labios carnosos, tragando hasta que le corrí en la boca, pero eso no fue suficiente. La puse de perrito en el sofá y le metí los dedos en el coño mojado antes de empotrarla con fuerza, sintiendo cómo su culo apretado me apretaba como un guante. En más de 16 minutos de escena, la hice gemir como una puta en celo, hasta que me corrí dentro de ella mientras me miraba con esos ojos desafiantes. Ahora, mientras me limpio, solo pienso en lo bien que sabe el poder cuando se usa para follar.