Pushpaa me provocó hasta que le rompí el coño en clase
El olor a lápiz y papel se mezclaba con el perfume barato de Pushpaa cuando se inclinó sobre mi hombro para 'pedir ayuda' con los deberes. Llevaba días enviándome fotos de su coño depilado, rozándose contra mí en el pasillo, y esa tarde se sentó frente a mí con la falda subida hasta el muslo, las piernas abiertas lo suficiente para que viera su concha brillante. No aguanté más: la empujé contra el escritorio, le arranqué las bragas y le metí los dedos hasta que gimió tan fuerte que tuve que taparle la boca. Mi polla ya estaba dura como roca cuando la levanté y la senté encima, hundiéndola de una estocada hasta que sus caderas chocaron contra las mías. Pushpaa se retorcía, mordiéndose el labio para no gritar, pero yo no paré: la embestí contra la pared, contra el suelo, hasta que su coño empezó a chorrear y me apretaba como un tornillo. Cuando por fin me corrí, su cuerpo temblaba y sus ojos vidriosos me miraban con una mezcla de vergüenza y placer. El profesor que pasaba por el pasillo ni siquiera se detuvo.