Pussy Boss y su culo perfecto en un polvo de riesgo
—'Cuidado, que alguien puede entrar'— susurró Pussy Boss mientras se agachaba frente a Slim Pussy, sus manos temblorosas desabrochando el pantalón del chico. La tensión de ser descubiertos en el gimnasio vacío después de horas, con solo el eco de sus respiraciones y el sonido de la piel chocando, lo hacía todo más excitante. Slim Pussy, con su cuerpo pequeño pero curvilíneo, se inclinó hacia adelante, dejando que la polla negra y gruesa de su compañero penetrara su coño mojado de una estocada, hasta que sus caderas chocaron con fuerza. Los gemidos de Pussy Boss eran ahogados por las manos de Slim Pussy, que le tapaban la boca mientras él embestía sin piedad, sintiendo cómo el aceite que habían robado de la sala de masajes hacía que cada movimiento fuera más resbaladizo. El peligro de que algún empleado nocturno los descubriera los mantenía en un estado de alerta constante, escuchando cada ruido fuera de la sala, cada paso lejano que podía acercarse. Slim Pussy, con su culo apretado y firme, se movía hacia atrás y adelante, sintiendo cómo la verga de Pussy Boss la llenaba por completo, hasta hacerle tocar el cuello del útero. Las gotas de sudor caían sobre el piso de madera, mezclándose con el aceite, mientras los dos follaban como si no hubiera mañana. El ritmo se aceleró, los gemidos se volvieron más intensos, y Pussy Boss, sin poder contenerse más, se corrió dentro de Slim Pussy, llenándola hasta el último centímetro. Cuando todo terminó, Pussy Boss se quedó mirando a su compañera, viendo cómo el semen le escurría por los muslos, y no pudo evitar sonreír al pensar en el riesgo que habían corrido.