Sami Parker humilla a su amiga con nalgadas en tacones altos
El living estaba bañado en luz tenue cuando decidí que Phoenix Wild no se saldría con la suya esta vez. Llevaba horas provocándome con mensajes, fotos de su culo respingón en tanga y roces 'accidentales' al pasar, así que cuando entró con esos tacones de aguja y el vestido ajustado al cuerpo, supe que era el momento de hacerla pagar. Me acerqué por detrás mientras ella se reía, le bajé las bragas de un tirón y le planté la mano en el culo con un cachetazo que resonó en toda la habitación. Phoenix gritó, pero no se movió, así que seguí, alternando nalgadas con caricias que la hacían gemir de frustración. Sus nalgas rojas brillaban bajo la luz, y cuando me incliné para morderle el lóbulo de la oreja, susurré: '¿Te gusta que te traten como la puta que eres?' Su coño ya estaba empapado, pero no se lo iba a poner fácil. La obligué a arquearse más, a abrir las piernas, mientras mis dedos le abrían el culo y le metía dos de golpe sin avisar. Phoenix chilló, pero no se quejó, así que seguí, follándola con los dedos mientras le tiraba del pelo hacia atrás. Cada vez que intentaba correrse, paraba, dejándola al borde. Cuando ya no pudo más, la empujé contra el sofá, le levanté las caderas y la empotré de una estocada, sintiendo cómo su coño se cerraba alrededor de mi polla. Phoenix gritó mi nombre, pero no la dejé correrse hasta que le di la vuelta, la puse a cuatro patas y le azoté el culo mientras la follaba desde atrás, hasta que sus gemidos se convirtieron en sollozos de placer. Cuando por fin le permití correrse, lo hizo con tanta fuerza que casi me derriba, y yo me vine dentro de ella, marcándola como mía. La próxima vez, será peor.