Seraphine montando la polla negra en posición vaquera
La alcoba oculta del palacio permanecía en penumbras con cortinas cerradas que impedían cualquier mirada externa. Yo me acerqué sabiendo que lo que íbamos a hacer era un error grave pero la atracción resultaba imposible de controlar. Mi polla ya estaba dura cuando ella extendió la mano para acariciarla con dedos temblorosos y luego se arrodilló para chuparla con lengua húmeda recorriendo cada vena. El sonido de su boca succionando llenaba el silencio mientras yo sujetaba su cabello rubio y la empujaba más profundo. El remordimiento me golpeaba al pensar en las consecuencias pero el placer de sentir su garganta apretada superaba todo. Ella se levantó jadeante y se sentó sobre mí cabalgando con su coño apretado bajando poco a poco hasta tragarse la polla entera. Sus caderas se movían en círculos lentos al principio y luego más rápidas golpeando contra mis muslos con cada embestida. El calor de su interior me envolvía mientras gemía mi nombre entre susurros culpables. Yo la sujetaba por la cintura guiando sus movimientos para penetrarla más fuerte sintiendo cómo se contraía alrededor de mi miembro. El miedo a ser descubiertos aumentaba la intensidad de cada roce y cada empuje. Ella pensaba que esto destruiría su reputación pero no podía dejar de desear más de esa sensación prohibida que la consumía por completo.